viernes, 11 de enero de 2013

HA FALLECIDO UN ANTIGUO VECINO DE PINAMAR, NOS HACEMOS ECO DE LAS PALABRAS QUE LE DEDICARA EDUARDO RODRIGUEZ PAZ

Eduardo Delgado (17/10/1926 - 10/01/2013) Debo haber recibido un mail equivocado. No creo que sea de un bromista. Hay muchos homónimos en esta sociedad de apellidos españoles e italianos.
Pero no creo que sea cierto, porque llamé a Buenos Aires y me dijeron que las luces de las cinco esquinas, Juncal, Quintana y Libertad, estaban prendidas como siempre. Si fuera cierto, estarían apagadas.
También recorrí todo Pinamar y las cosas eran como siempre. La gente jugaba al golf, las playas estaban rebosantes de turistas, las inmobiliarias estaban abiertas y los restaurantes esperaban comensales. De otra manera todo no habría sido así.
Con toda certeza la noticia era falsa. Porque si fuera cierto que Eduardo Delgado hubiera decidido dejar este mundo de los vivos, antes me hubiera avisado. Me hubiera dicho que estaba cansado de tantas noches de Buenos Aires al comando de su famoso boliche, de tantas noches y tantos días plenos de amigos que crecieron al compás de su maravillosa manera de relacionarse con los otros humanos. Nos habría dejado intuir que ya no tenía ganas de reunirse con los amigos, de regalar cuchillos encabados con todo su amor y sabiduría, de desayunar en Ojalá todos días a eso de las siete, de hablar con admiración y cariño de Doña Cecilia Bunge aunque los ojos se llenaran de lágrimas.
No debe ser cierto porque a pesar de que ya hace algunos años, cuando escribí una nota sobre su vida en Temas de Pinamar, tuve la impresión, después de todas las charlas previas, que un lugar como Pinamar no podría ser el mismo sin alguien que comprendió la esencia de los Bunge y los Shaw y los acompañó en la patriada y se hizo eterno.
No debe ser cierto porque después de aquella nota y conocer tantos detalles de su vida, pasó a ser, para mí, como un tío, de esos atorrantes, petiteros y sublimes que te cubren las espaldas cuando hacés alguna macana y a los que hay que recurrir siempre cuando la vida nos presenta algún exabrupto difícil de desenredar. Esos tíos macanudos que siempre te salvaban de la reprimenda o la penitencia paterna con el consejo oportuno.
No debe ser cierto porque demasiadas cosas tendrían que haber cambiado en Pinamar sin Eduardo Delgado. Tendría que haberse terminado la palabra empeñada, el apretón de manos que significaba más obligación que un manual de Contratos, el consejo sincero, la picardía oportuna, la seguridad del recto desempeño.
No debe ser cierto. Por eso mañana temprano voy a ir a Ojalá a ver si su amigo Roberto Ghirini lo está esperando para desayunar con el resto de sus amigos, o a lo mejor paso por el Concejo Deliberante, donde dio cátedra de hombría de bien, o por la cancha de golf a ver si José me cuenta algo. En última instancia, un poco más tarde me voy a correr hasta Pinamar S.A. y le voy a preguntar a Vanina, o a América o a Veneroso o a Jorge. Ellos con seguridad me van a saber decir que la noticia era falsa.
Pero no debe ser cierto. Porque sino Pinamar no sería la misma sin Eduardo Delgado.
Eduardo Rodriguez Paz
Enero 10 de 2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario