Alberto Fernández buscó despegar a Cristina Kirchner de toda responsabilidad en la causa por el manejo de la obra pública. Y hasta tuvo un cruce con el fiscal, un destrato agravado por su condición de Presidente. En el Congreso, sigue la tensión en torno del acuerdo con el FMI
Por Eduardo Aulicino
Alberto Fernández conoce el juego de los estrados. Estuvo en Comodoro Py y se extralimitó adrede en su papel de testigo -lo hizo como recurso amplificador, mediático- para descalificar el juicio por irregularidades en la obra pública que involucra centralmente a Cristina Fernández de Kirchner. Además, cruzó con tono ofensivo al fiscal ante la insistencia con algunas preguntas. No fue un hecho menor: se trata del Presidente más allá de la formalidad de haber sido citado como ex jefe de Gabinete. La declaración y el mismo hecho de hacerlo en persona armaron una sobreactuación dedicada a CFK.
Parecen gestos a esta altura no correspondidos o de escaso efecto en la interna, que suma presión por el acuerdo que el Gobierno acelera con el FMI. El capítulo judicial no es nuevo. Alberto Fernández ya contradijo en buena medida sus declaraciones -previas a ser consagrado candidato- sobre las causas que apuntan a la ex presidente, pero el kirchnerismo más crítico de su gestión cree que hizo poco en serio para despejarle el frente judicial.
El clima doméstico es especialmente denso en estas horas. Olivos concentra su atención en allanar el camino en el Congreso para el entendimiento con el Fondo. Y el kirchnerismo no le hace fácil el trámite. Busca dejar en claro sus reparos y coloca todo lo que considera costos en la mochila presidencial. No es únicamente un juego de silencios luego del portazo de Máximo Kirchner. Dice contar con un núcleo duro significativo en Diputados y le cierra la puerta al ingreso del tema por el Senado. Es más, reclama detalles cuando el Gobierno busca una alternativa para transformar todo en un trámite light, sin precisiones sobre la letra chica.
CFK, La Cámpora y algunos aliados no parecen decididos a dinamitar el entendimiento con el FMI, sino a iniciar ya un camino diferenciado en la perspectiva del 2023. Es una fisura grave, mientras Martín Guzmán busca apurar las tratativas. Una tarea que debió añadir renovados esfuerzos políticos, diplomáticos e informales, para desandar en Washington los pasos del Presidente en Moscú y Beijing, más la coronación de las declaraciones en Barbados desairando los gestos de la administración de Joe Biden.
La secuencia de las batallas actuales expone malestar profundo en cada espacio y también torpezas. Con la actividad del Congreso paralizada, el foco quedó centrado casi de manera exclusiva en el Frente de Todos y no sólo por su condición de coalición de gobierno. En la oposición, la puerta fue abierta por Juntos por el Cambio al encontrar una fórmula elemental frente a sus propias disputas. En resumen, dijo que dará quórum y no trabará el acuerdo, una manera de facilitar el paso sin comprometerse con el contenido fino, que, por lo demás, es aún desconocido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario