En los amontonamientos debe recurrirse al arte de conceder. Y es la diplomacia interna el instrumento que puede rescatar a Alberto. Le queda poco más de un año de gobierno de transición
Por Jorge Asís1.- País psiquiátrico
En el país psiquiátrico corresponde la calma racional de la diplomacia interna. Turno del apaciguamiento.
El amontonamiento del Frente de Todos contiene dos bandos que se movilizan por la pasión de confrontar.
Se ventilan datos psiquiátricos: a Alberto, El Poeta Impopular, no le responde el teléfono ni el secretario de La Doctora.
Otro dato alude a la euforia después de la votación del Senado. Alberto irradia irresponsable alegría.
Lo deleita la derrota de La Doctora, causante exclusiva de su existencia política.
Circulan ideas impunes transformadas en expresiones de venganza. “Pisar” los fondos para la provincia del pecado.
“Se acaba la guita para Axel, no ve un mango más”.
Axel, El Gótico, había alentado al diputado orgánico para que aceptara modificar el voto por pedido de La Doctora.
En efecto, Daniel Gollán, Platita, pasaba de fundamentar el apoyo a abstenerse.
“Si lo pide ella hay que hacerle caso”, contó Gollán -que le dijo Axel- a otros colegas (que confidencialmente alertaron a Alberto).
“Pero pisar la plata de la provincia por eso es un capricho”.
Por suerte, Alberto no es como Néstor, El Furia, “un duro en el arte de arrugar”.
Alberto es el perverso que “arruga inmediatamente después de decidir”.
Como con Vicentín, Alberto retrocede. Entonces habrá fondos para la provincia del pecado.
También fluirá la plata convertida en leche de pauta para el Grupo Octubre, de Víctor Santamaría, Líder del Peronismo de Consorcio.
Alberto amagó con congelar la leche de pauta por la concepción «machirula» de responsabilizarlo por el voto (en contra) de la señora diputada Gisela Marziotta.
La rigurosa periodista se impone como antecedente legislativo de la señora Carolina Losada, Modelo de Rosario.
Y ambas damas -Marziotta y Losada-, figuran a su vez como antecedentes de la señora Gabriela Cerruti, La Porte Parole, periodista atrevida formada en la Escuela de Telerman, El Barítono.
“Alberto en el fondo es un buen pan de leche, y al Portero no lo quiere c…”, confirma la Garganta.
«El gobierno financia su propio esmerilamiento, paga fortunas en los grandes medios para ser basureado».
Pero el Peronismo de Consorcio se distiende y en el Página 12 adicto impera otra vez el optimismo ideológico cargado de futuro.
2.- Acicalada en la trinchera del error
“Despojada de su eje, desenfocada”, La Doctora se reduce a fuego lento en el otro bando.
Otro dato psiquiátrico le atribuye “haberse enamorado de Vladimir Putin”.
Al margen del idilio platónico, La Doctora muestra la pérdida de reflejos. Se deja arrastrar por magistrales chambonadas.
Hasta deslizarse por la pendiente del antimperialismo infantil de La (Agencia de Colocaciones) Cámpora.
Fuera del eje, acicalada en la trinchera del error, abroquelada en la Tercera Sección Electoral, La Doctora no asume ninguna equivocación. Diplomacia interna para lo que queda del gobierno de transición como la de haber designado, a través de un tuit, al presidente que hoy supone haberla vencido.
Al extremo de reposar en el delirio de su propio proyecto de reelección, entendido como una manera obvia de manotear, en el desgaste del descenso, atisbos de centralidad.
El gobierno de La Doctora que preside Alberto Fernández ya casi no existe.
Es un paréntesis que se cierra paulatinamente.
Archipiélago de ministerios y de secretarías que se desentienden del conjunto.
La carencia de conducción es abrumadora. El archipiélago se disuelve en cientos de islitas que no forman parte del continente.
El país psiquiátrico no tiene alternativas y los bandos confrontan entusiasmados con el deseo de extinción del otro.
Es el turno de la diplomacia interna. Para interpretar la política del país caótico como el arte de conceder.
Sin La Doctora ni La Agencia, aunque cuente con la simpatía a la distancia de los gobernadores y sindicalistas, Alberto no llega a la esquina de Balcarce e Hipólito Yrigoyen.
Y tanto La Doctora como La Agencia, sin el peronismo real de las provincias, difícilmente pueda superar la instancia triste del «Frepasito tardío».
Una presencia testimonial que no garantiza el manejo de ninguna caja de las que interesa a los baluartes de la Agencia compacta de circuito cerrado (que se come hasta las migas de la panera).
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