El Presidente estará en el acto de inicio de la licitación del nuevo gasoducto junto al secretario de Energía Darío Martínez y a dos hombres de Cristina Kirchner en el área: Federico Basualdo y Federico Bernal
El presidente Alberto Fernández visitará esta semana la operación de YPF en la provincia de Neuquén y dará comienzo al proceso de construcción del gasoducto Néstor Kirchner, que buscará vincular la formación de hidrocarburos Vaca Muerta con la provincia de Buenos Aires, en una obra que, aseguran desde el Gobierno nacional, permitirá a la Argentina poder aumentar la producción y capacidad de transporte de energía.
Según informaron fuentes oficiales, el mandatario se hará presente en las instalaciones de YPF en Vaca Muerta el próximo jueves junto con una comitiva de funcionarios. “A 10 años de una decisión estratégica como fue la recuperación de YPF tomada por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, la construcción del gasoducto es otro hito en el camino de lograr la soberanía energética”, consideraron fuentes oficiales. En rigor, ese día se realizará el comienzo del proceso, es decir el llamado a licitación, mientras que la construcción propiamente dicha se estima que inicie en agosto.
El nuevo gasoducto será construido en dos etapas. La primera conectará la localidad de Tratayen (Neuquén) con Salliqueló (Buenos Aires), lo que implicará la construcción de unos 558 kilómetros de caño y permitirá incrementar la capacidad de transporte en 24 millones de metros cúbicos diarios. La obra tiene un costo aproximado de 1.500 millones de dólares y será financiado con fondos del Tesoro, y del impuesto extraordinario a las grandes fortunas que el Gobierno implementó el año pasado.
Con la visita de Alberto Fernández se realizará el comienzo del proceso, es decir el llamado a licitación, mientras que la construcción propiamente dicha se estima que inicie en agosto
La segunda etapa permitirá llegar con gas natural al sur de la provincia de Santa Fe y, se estima, abrirá la posibilidad a llegar a grandes centros urbanos e industrias del centro y norte del país, como así también la posibilidad de exportación a Brasil y norte de Chile.
La energía es un tema sensible para las cuentas públicas del Gobierno este año. La guerra en Ucrania hizo saltar los valores internacionales de la energía, lo que provocó un encarecimiento de las importaciones que debe realizar el Poder Ejecutivo para cubrir la demanda de los meses más fríos, en un contexto de divisas escasas en el Banco Central. A través de acuerdos bilaterales con Brasil y Bolivia buscará ahorrar parte de los dólares que necesitaría para comprar GNL a través de barcos, aunque el incremento en la cuenta presupuestaria será de todas formas notoria.
El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional dedica un capítulo particular a la reducción de subsidios. El compromiso oficial fue, originalmente, poder recortar subvenciones energéticas en torno del 0,6% del PBI. Pero el nuevo escenario internacional obligó al Gobierno y al FMI a “recalibrar” este tipo de proyecciones, en conversaciones que comenzarán esta semana en Washington y que finalizarán el mes próximo, durante la primera revisión trimestral del programa económico.
El sector energético, además, es un área en que el Gobierno tiene desde su conformación, problemas de fricciones internas, respecto a la dirección que debería tener, por ejemplo, la política tarifaria. La Secretaría de Energía responde, por organigrama, al ministro Martín Guzmán, pero el titular de esa cartera Darío Martínez, tuvo semanas atrás fuertes cuestionamientos a su superior por la ejecución de partidas.

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