El populismo es un vicio muy difícil de dejar, a pesar de que este gobierno batió el récord mensual de inflación en los últimos veinte años
Por Jorge Grispo
Camila Perochena recuerda, en su libro Cristina y la historia, una frase que dijo la Vicepresidenta el 29 de agosto de 2013: “Muchos creen que el pasado económico que asoló la Argentina, que quebró industrias, que dejó a millones de personas sin trabajo, sin educación, pasó definitivamente. Y yo digo que no, que siempre está a la vuelta de la esquina”. Las aflicciones de Cristina Kirchner cobran hoy más vigencia que nunca. La inflación de julio (7,4%) batió el récord mensual de los últimos veinte años, encaminándonos a los tres dígitos anuales, colocándonos nuevamente frente al eterno retorno de los problemas de siempre, que cada vez nos encuentran peor. Sigue sin entender que las políticas populistas, y los subsidios indiscriminados son la ruina de un país quebrado. Es la principal responsable de la debacle actual que padecemos. Todo lo que podía salir mal, le salió peor. Para colmo llega el “tarifazo” en su ocaso político, a la vez que enfrenta nubes negras en el frente judicial. Cristina Kirchner no lo ignora, para ella la suerte ya está echada.
¿Todo esto que nos está pasando se podría haber evitado? Si. Lamentablemente los que tienen la responsabilidad de gobernar lo hacen pensando en las próximas elecciones y no en las próximas generaciones. Un ejemplo es el gasoducto “Néstor Kirchner” que debería estar funcionar a pleno (nombre que marca el símbolo de la debacle de estos tiempos y cuya construcción ya fue anunciada como novedad en tres actos). Si en lugar de convertirnos en el país del “cepo a todo” se hubieran promovido las exportaciones de los sectores productivos -en lugar de trabarlas- y apoyado al campo -en vez de combatirlo- no hay duda alguna de que la situación desesperante que hoy vivimos no existiría. Si no hubieran “planchado” el costo de las tarifas de los servicios públicos -lo que en gran medida le costó la reelección a Macri- hoy tendríamos una economía más lógica. Pero, para una gobernante como Cristina, el populismo es un vicio muy difícil de dejar. Se consumió en él.
Políticamente y judicialmente acorralada, la Vicepresidenta va a jugar fuerte, sin importarle las consecuencias para el resto de los argentinos; solo se interesa en solucionar su complejo presente, hipotecando el futuro de una nación entera. Para CFK el pasado y el presente se funde en un solo tiempo. Son lo mismo. Siempre hubo y va a haber un complot en su contra. Más aún cuando está siendo juzgada, en un proceso que marcará nuestra historia. La victimización es una estrategia que le resulta muy útil. Mortificada por sus causas judiciales -y con razón, pero no por las “razones” que ella invoca, sino por el peso real de las pruebas en su contra- nos ha vuelto a poner la ñata contra el vidrio de todos los problemas que nunca se terminan de ir, siempre quedan a la vuelta de la esquina y vuelven, en un eterno tobogán descendente.

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