La movilización en apoyo a la vicepresidenta fue masiva. Pero se convirtió en un acto partidario que excluyó a la oposición de la defensa de la democracia. La prueba de Diputados. Massa a EEUU y Macri a Ruanda
Por Facundo Chaves
La Plaza de Mayo estuvo repleta. Fue una convocatoria masiva que apoyó a Cristina Kirchner y se adueñó del amor, del odio, de la culpa y la inocencia.
“En honor a todos nuestros compatriotas es que hacemos este llamamiento a la unidad nacional pero no a cualquier precio: el odio afuera”. La voz de Alejandra Darín resonó en la tarde de ayer ante decenas de miles de personas convocadas para repudiar el salvaje, repudiable e inaceptable intento de asesinato de la vicepresidenta Cristina Kirchner. En un palco frente a la Plaza de Mayo y de espaldas a la Casa Rosada, la gremialista de las actrices y los actores habló rodeada de funcionarios, sindicalistas, dirigentes sociales y de derechos humanos. Oficialistas todos.
Fue una plaza que se hizo dueña del amor y del odio. Que interpretó el funcionamiento del Poder Judicial -con sus jueces, fiscales, defensores y códigos- como una conspiración, un acto de venganza contra la política más poderosa del país y quien conduce la coalición de gobierno. Extraños verdugos que llegaron a sus cargos con los votos del mismo PJ que, desde 1983, controla la mayoría del Senado y las designaciones, remociones y ascensos del Poder Judicial de la Nación.
Tanto en las calles del centro porteño, como en radios, televisión y redes sociales, el mensaje dominante vinculó el atentado de Fernando Sabag Montiel contra Cristina Kirchner con la acusación del fiscal Diego Luciani, que pidió 12 años de prisión e inhabilitación perpetua por corrupción en la obra pública de Santa Cruz. Según esa mitología, a ese magistrado como a los jueces los une un hilo rojo con opositores de Juntos por el Cambio y periodistas independientes. Son los ejecutores del odioso lawfare.
“Nada se puede entender en estos tres años sin contemplar que los movimientos de la vicepresidenta están sincronizados con su suerte judicial”, explicaba en diálogo con este medio un veterano dirigente opositor, que agregaba: “Hay que tener en cuenta que como pasa en el frontón, cuanto más fuerte se le pega a la pelotita, con más fuerza vuelve”.
UNA GRAN MESA CONTRA EL ODIO
La alocución de Alejandra Darín ocurrió después del encuentro que el presidente Alberto Fernández encabezó en la Casa Rosada. Allí se mostró en una mesa junto a Taty Almeyda y Estela de Carlotto, de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, decenas de dirigentes entre los que también sobresalían el formoseño Gildo Insfrán, los sindicalistas Pablo Moyano y Roberto Baradel o el periodista militante Ezequiel Guazzora.
“El intento de asesinato a nuestra vicepresidenta evidencia que la violencia y los discursos de odio no pueden tener lugar. Debemos construir consensos entre todos los sectores de la sociedad para defender la democracia y recuperar la paz social”, afirmó el presidente, junto a la foto que se lo muestra con esos dirigentes sociales, empresariales, sindicales, políticos y gobernadores.
Estuvieron empresarios como Daniel Funes de Rioja (UIA), Gustavo Weiss (Construcción) y referentes religiosos y de colectividades. No hubo unanimidad. De hecho, la DAIA se retiró, según explicó su titular Jorge Knoblovits, “debido a que el documento posee un alegato político partidario”. Y agregó: “Se deben eliminar los discursos y las acciones violentas desde todos los sectores de nuestra sociedad para garantizar el bienestar de la república y la democracia”.


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