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domingo, 5 de mayo de 2019

EL VIEJO LOBO DE MAR QUE AMO ETERNAMENTE A CARILO, por SERGIO MICHNOWICZ


Pinamar (por Sergio Michnowicz).- Fue un luchador por donde se lo mire. Afincado desde hace muchos años en el Parque Cariló, se propuso defender aquella naturaleza con lo que tuviese a mano.
Lo recuerdo golpeando puertas en forma constante, llevando la palabra de la Sociedad de Fomento de Cariló que él presidía, buscando protección para ese bosque de pinos plantado por un visionario. Para que nadie intente destruirlo. Para preservar esa magia natural que sus habitantes y sus ocasionales visitantes disfrutaban a pleno.
Aquellos años ‘90 en donde la fiebre cementera amenazaba con asfaltar el parque, él se puso al frente de la protesta de los vecinos para que esto no ocurriera. Incluso más, personalidades de la cultura como el recordado maestro Alberto Lysy ofrecía conciertos gratuitos de música clásica al aire libre, para concientizar sobre la importancia de preservar ese medio ambiente.
Y llegó el día en donde, junto a la Asociación de Empresarios Hoteleros de Cariló y Jorge Cambareri a la cabeza, lograron que se sancionara la Ley 12.099 de Paisaje Protegido, una norma única en la Provincia de Bs.As. que le otorgó más seguridad y protección.
Claro está que también tuvo a sus detractores, aquellos que veían una oportunidad única de hacer negocios inmobiliarios violando aquella norma que tardó varios años en reglamentarse. Así y todo, la fuerza que desplegó fue tal que todo intento por cambiar el estilo Cariló quedaron en la nada.
Los años pasaron, y los amigos se fueron yendo. Como Eduardo Setti, un compinche que luchó junto a él por el parque y que lo dejó hace unos años. O el mismo Lysy, que soñaba construir un conservatorio de música sobre la calle Cerezo. Muchos sueños.
Cada tanto, lo iba a visitar a su casa donde nos recibía con un cafecito y masas, servidas por su compañera de toda la vida Martha. Eran momentos en donde aprovechaba para descargar su bronca con los gobiernos de turno porque él, como representante de la Sociedad de Fomento de Cariló, veía que no atendían a sus vecinos: no pasaban la maquina por las calles, no levantaban las ramas, no recolectaban la basura. “Lo que buscamos es que se cumplan las reglamentaciones. Para algo se rompen el cráneo los legisladores: lanzan una ley y nadie la cumple” me dijo hace unos años. “Es nuestra lucha permanente, a pesar que no nos hacen mucho caso, seguiremos con ese tono.” Y dentro del Consejo Asesor Urbanístico de Cariló fue uno de sus principales referentes.
El periódico DC (De Cariló) lo tuvo como uno de sus redactores. Le gustaba escribir sobre la historia de los marinos, las hazañas de nuestros héroes navales, los buques legendarios. Era retirado de la Armada, y un apasionado por el mar. Era un placer escucharlo hablar sobre estos temas. Si hasta daba la sensación que él mismo recorrió los 7 mares junto a Bouchard o El Cano.
“Sergio, tengo algo que contarte” me solía llamar para decirme que la sociedad fomentista había ganado un juicio o logrado que los escucharan desde la municipalidad. El día que sugirió la separación de Cariló y sumarse a Gral. Madariaga, ante los oídos sordos del gobierno pinamarense de turno que no escuchaba los reclamos del parque, a más de uno se le encendieron las alarmas.
Pero él era así, temperamental, frontal. Sin rodeos. Y solo unos pocos conocíamos su carácter. De ahí que pude establecer una amistad duradera.
No hace mucho lo ví por el centro de Pinamar, junto a su compañera Martha que oficiaba de chofer. Ya no manejaba. A los 90 años (los había cumplido el 10 de octubre del año pasado) prefería que lo llevaran a dar una vuelta por su bosque. Me acerqué y le pregunté cómo estaba. “Acá estoy, molestando de nuevo” me respondió con una risa compradora.
Le decían “Cacho” pero yo siempre lo llamé don Eloy Lesca. Partió este viernes. La lucha que emprendió fue intensa pero no en vano. Hoy Cariló cuenta con vecinos que siguen su legado. Que no es poca cosa.
Viejo loco, seguro que estarás con Lalo Setti haciendo de las tuyas entre las nubes, para preservar con los querubines el paraíso celestial. Abrazo enorme don Eloy.

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