El ministro sugirió que aún están lejos de un entendimiento, sobre todo por el ritmo que debe tener el ajuste fiscal. La acumulación de reservas que exige el organismo también luce como una meta lejana
Por Pablo Wende
La discusión respecto al ritmo del ajuste fiscal que debería encarar la Argentina domina la agenda con el Fondo Monetario, según explicitó ayer el ministro de Economía. En su presentación ante gobernadores, Martín Guzmán dejó en claro que se trata del tema principal que traba el acuerdo con organismo. Según su visión, el equilibrio fiscal recién se terminaría alcanzando en 2027. Aunque no lo dijo, está claro que para el FMI esto debería suceder mucho antes.
El propio ministro reconoció que la disminución del déficit fue mucho mayor que la esperada, pasando de 6,5% en 2020 a sólo 3% en 2021. Sin embargo, también dejó sobrevolando la idea que un ajuste más acelerado en los próximos años iría en contra del crecimiento económico.
Una disminución lenta del déficit fiscal implica mayor emisión monetaria por parte del Banco Central para financiar al Tesoro. Por ende también implicaría una reducción más lenta de la inflación
Las consideraciones efectuadas por Guzmán no despejaron las dudas respecto a los tiempos para llegar al acuerdo. En realidad, la Argentina ingresó en la cuenta regresiva para alcanzar un entendimiento, ya que el 22 de marzo vencen USD 2.800 millonens con el FMI que resultan imposibles de pagar. Además, hay otros dos vencimientos entre enero y febrero por poco más de USD 1.000 millones, que serán cancelados nuevamente con reservas.
Con este panorama, resulta vital ahora alcanzar un entendimiento dentro de los próximos 60 días. Esto permitiría postergar postergar más de USD 40.000 millones que habrá que pagarle al Fondo entre 2022 y 2023, incluyendo una deuda con el Club de París.
En caso que no se llegue a un arreglo para ese momento, la Argentina corre riesgo de caer en default con el organismo. Esto generaría fuertes consecuencias desde el punto de vista financiero y también de pérdida adicional de la confianza de los inversores, lo que podría repercutir en el valor de los bonos y del dólar.
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