"EL UNICO PATRIMONIO DEL PERIODISTA ES SU BUEN NOMBRE. CADA VEZ QUE SE FIRMA UN TEXTO INSUFICIENTE O INFIEL A LA PROPIA CONCIENCIA, SE PIERDE PARTE DE ESE PATRIMONIO, O TODO" - Tomás Eloy Martinez -

"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino" - VIKTOR FRANKL

Acceder a suplemento Cariló

Mundial

la casita

la casita

TELPIN

TELPIN
TELPIN

CALP

CALP

Elie

Elie

Bloque Inmobiliario

Bloque Inmobiliario

Bloque de Estetica

Bloque de Estetica

Bloque de Deportes

Bloque de Deportes

Bloque de Mascotas

Bloque de Mascotas

domingo, 5 de diciembre de 2021

LAS TENUES SEÑALES DE VIDA EN UN PRESIDENTE QUE PARECIA TERMINADO

 En las últimas semanas, algunas medidas y gestos de poder de Alberto Fernández parecen imprimir una orientación al Gobierno que no existía antes de las elecciones. Aunque tal vez sea tarde para recuperar el tiempo perdido


Por Ernesto Tenembaum

El 14 de noviembre, el presidente Alberto Fernández era un político desahuciado. Un hombre cansado, ojeroso, que durante dos años había dilapidado un capital gigantesco. Había sido humillado por su vicepresidenta varias veces en público, había bajado la cabeza dócilmente, y había sido derrotado de manera abrumadora en las elecciones de medio término. Encima, tenía por delante dos años tremendos, donde la inflación, la falta de divisas y los compromisos de Argentina con los acreedores privados lo obligarían, si quería llegar a término, a conducir un proceso donde no había nada para repartir, sino todo lo contrario. Delante suyo le esperaba un tobogán o un precipicio, que lo depositaría de manera poco edificante en el rol de ex presidente.

Nada puede cambiar radicalmente en apenas tres semanas. Esa descripción mantiene su vigencia casi en todos los aspectos. Pero, curiosamente, en este breve período, se han producido algunos hechos, donde parece expresarse –y en esto conviene ser muy prudente, dada la naturaleza del personaje- cierta voluntad del Presidente por reconstruir su autoridad y darle un viraje a su gobierno. Hay, en este sentido, gestos de poder y medidas que parecen imprimir una orientación que no existía antes de las elecciones. Para entenderlo, conviene enumerar ciertos hechos.

En principio, es interesante observar aquello que no ocurrió. A mediados de septiembre, luego de las primarias, la Vicepresidenta encabezó un golpe palaciego que se expresó en tres hechos: los insultos de la diputada cristinista Fernanda Vallejos contra el Presidente (“mequetrefe”, “okupa”, “atornillado”), la renuncia en masa de los ministros cristinistas, y –finalmente- la violenta carta de CFK. Fernández, entonces, claudicó en todos los frentes. Despidió a los funcionarios que detestaba su vicepresidenta, y confirmó en sus cargos a los renunciantes. El pánico se extendió despacho por despacho. ¿Qué haría Cristina después del 14 de noviembre? ¿Cómo seguiría la purga? ¿Entregaría Fernández a Martín Guzmán, a Vilma Ibarra, a Matías Kulfas o a Gustavo Beliz? ¿A todos ellos?

Nada de eso ocurrió. Todo el mundo sigue en sus cargos. Bueno, en realidad, casi todo el mundo, porque el jueves pasado debió irse del Gobierno Debora Giorgi, la subsecretaria de comercio interior. Giorgi es la primera funcionaria designada por Cristina Kirchner que se aleja de la gestión. Hasta ahora, todos los que se fueron o los que fueron desplazados –Marcela Losardo, María Eugenia Bielsa, Gines González García, Santiago Cafiero, Cecilia Todesca, Juan Pablo Biondi- pertenecían al albertismo, o al peronismo tradicional. Los fernandistas eran fusibles. Los cristinistas, intocables. Giorgi es la primera excepción a esa regla.

La salida de Giorgi se produce, además, en un contexto donde otro funcionario cristinista, Roberto Felleti, fue desautorizado por el albertista Matías Kulfas cuando amenazó con imponer retenciones a la carne. Antes del 14, la reacción de Kulfas lo habría dejado fuera del Gobierno. Desde el entorno del mismo Kulfas, y desde el Ministerio de Agricultura, que conduce Julián Dominguez, informaron a varios periodistas sobre diálogos donde Felleti habría sido reprendido de manera muy airada. El mismo jueves de la salida de Giorgi, la vocera presidencial Gabriela Cerruti informó que la negociación con el sector de la carne la llevaría a cabo Dominguez, un opositor a las retenciones, la medida que impulsaba Felleti y que es casi un ícono sagrado para la liturgia K.

Alberto Fernández en Plaza de MayoEsas idas y vueltas, además, se producen en un clima interno que fue marcado por el acto que el mismo Presidente encabezó el miércoles 17 de noviembre. Ese día, en Plaza de Mayo, hubo una puesta en escena extraña, por decirlo de algún modo: sin imágenes de Cristina en el escenario, ni en los carteles que atravesaban la plaza, ni en las pancartas que llevaban las organizaciones sociales y los sindicatos, ni alusiones a la vice en el discurso presidencial, ni presencia camporista. Hasta “el Tula” volvió a Plaza de Mayo. El acto había sido imaginado a mediados de septiembre para respaldar a Fernández frente al golpe de la Vicepresidenta. El Presidente lo reprogramó para evitar otra ofensiva destituyente en noviembre. Era, aunque nadie lo dijera en público, un acto para frenar a Cristina.

Las mesas de diálogo públicas y privadas con empresarios forman parte también de ese giro. Cualquier gesto en ese sentido, hace unos meses, despertaba un tuit fulminante o una carta indignada de la Vicepresidenta. Ahora se han hecho habituales: un día en Olivos, otro en el hotel Alvear, otro en la UIA. La inminencia del acuerdo con el FMI, que Cristina Fernández no se atrevió a rechazar –ni a apoyar- en su última carta, o de medidas largamente resistidas por el cristinismo, como la segmentación de tarifas, son otros componentes de una etapa donde se insinúa un giro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario