El diputado libertario fue muy criticado por haber faltado a su primera cita en el Congreso, pero lo de la farsa de la ley de presupuesto es verda
Por Natalia Volosin
El flamante diputado libertario Javier Milei faltó a la primera reunión de la Cámara de Diputados en la que podría haber participado: la presentación que hizo el ministro de Economía Martín Guzmán del proyecto de presupuesto para 2022. Si bien la explicación que dio para justificar su ausencia no convence, las críticas que deslizó al procedimiento de elaboración de la ley son correctas.
La ausencia no tiene mucho justificativo. Milei no forma parte de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, pero la reunión era abierta para todos los diputados y es difícil pensar en un tema de mayor interés para él y sus votantes que la discusión de los ingresos y gastos del gobierno nacional.
De eso se trata la representación en democracia: los candidatos compiten y deliberan con la sociedad, son elegidos por cómo captan (o no) los intereses de los electores y luego continúan esa deliberación colectiva en el Congreso. El líder de “La Libertad Avanza” llegó a la política con cuestionamientos al gasto público y sobre ello giró su discurso en campaña. Lo eligieron para que lleve esa mirada al lugar donde se hacen las leyes y decidió faltar justo el día que el Poder Ejecutivo (el gastador serial al que tanto critica) iba a explicar cuánto pensaba recaudar, cómo se financiaría y en qué gastaría.
A su electorado no parece preocuparle. Milei faltó porque estaba en Rosario en el marco de una gira por el país para proyectarse de cara a las presidenciales de 2023. Sus seguidores dicen que eso es más importante que ir a escuchar a Guzmán, a quien el diputado llamó “Walt Disney” por cómo dibuja, dijo, los números de la economía.
También se cuestionó a Milei en sus propios términos: se queja de la casta de la política que vive del Estado sin aportar y él se ausenta en la primera reunión de los nuevos diputados. El legislador Fernando Iglesias, por ejemplo, se trenzó con los seguidores del libertario en Twitter por decir que si faltás en tu primer día de trabajo en el sector privado te echan.
Pero entre las excusas de Milei aparecieron argumentos interesantes vinculados a lo absurdo que es el procedimiento presupuestario en la Argentina. En respuesta a la crítica democrática, armó un hilo en Twitter en el que explicó que, en realidad, el debate del presupuesto es una farsa. “Yo no me metí en política para participar de la farsa de los políticos. Me metí para desenmascararla”, dijo.
¿Por qué una farsa? Porque la ley de presupuesto, según el legislador, no limita nada: el Poder Ejecutivo puede reasignar partidas presupuestarias por decreto e incluso, si no hay acuerdo en el Congreso, puede prorrogar el presupuesto del año anterior a sola firma.
Todo ello es cierto. La discrecionalidad en la gestión presupuestaria es, justamente, una de las principales atribuciones que fueron amasando de facto los presidentes argentinos a lo largo de la historia, fuera de las restricciones constitucionales, en el marco de este sistema que llamamos “hiperpresidencialismo”.
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