El Frente de Todos y Juntos por el Cambio cruzaron la información básica que podría servir para iniciar un diálogo post elecciones que desemboque en un acuerdo de coincidencias mínimas. Ocurre a pocos meses de un vencimiento con el Fondo que es imposible de pagar con las reservas del Banco Central
Por Román Lejtman
Juntos por el Cambio aceptará negociar un pacto político con la Casa Rosada, si Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa anuncian ante la opinión publica su interés de acordar una hoja de ruta con la oposición que facilite la refinanciación de la deuda de 44.000 millones de dólares que Mauricio Macri contrajo a través de un crédito Stand-By con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El anuncio formal de la Troika oficialista abriendo una negociación con Juntos por el Cambio tiene que estar acompañado por un programa económico que contemple los planteos estructurales que exige el FMI para refinanciar una deuda que Argentina no puede pagar por escasez de reservas en el Banco Central.
En 2022, el país debe cancelar con el FMI una deuda de capital de 18.000 millones de dólares, una cifra que no existe como divisas en las arcas del Estado y que implican al menos cuatro puntos del Producto Bruto Interno (PBI).
Es decir: si el Frente de Todos no quiere hacer en soledad un plan de ajuste económico o caer en default, la única solución es acordar un programa común con Juntos por el Cambio que se propondría a Kristalina Georgieva antes que termine marzo de 2022.
El aval explìcito de Alberto Fernández, CFK y Massa, junto a una hoja de ruta común que debería terminar en el despacho de Georgieva, son las condiciones básicas para iniciar las negociaciones. Y sobre estas dos condiciones innegociables, hay que añadir un límite político-temporal: Juntos por el Cambio no moverá una sola pieza hasta conocer los resultados del 14 de noviembre y que el Frente de Todos ajuste sus propias cuentas internas como consecuencia de la probable derrota.


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