Si el intento de magnicidio tuviera como consecuencia un aumento de la popularidad de la Vicepresidenta, podríamos explorar la hipótesis de una radicalización de las ideas económicas del oficialismo
Por Enrique Szewach
Después de lo sucedido el jueves a la noche, la pregunta que me hacen, me hago, nos hacemos, es si las consecuencias políticas del afortunadamente fallido atentado contra la Vicepresidenta cambian, en alguna medida, las proyecciones sobre la economía argentina de los próximos meses.
Recordemos que, como le vengo contando hace rato, la economía argentina necesita imperiosamente ordenar el desajuste que se exacerbó en el primer semestre del año.
Por un lado, será necesario concretar un ajuste fiscal que permita cerrar las cuentas públicas, cerca del déficit acordado con el FMI sin recurrir a un impuesto inflacionario aún mayor o a medidas extraordinarias por el lado de la presión impositiva formal.
Por el otro, y lo más urgente, se requiere moderar el problema de la falta de dólares en el Banco Central, achicar la brecha entre el precio del dólar oficial y el de los dólares libres y, simultáneamente, evitar que el precio del dólar oficial siga evolucionando por debajo de la tasa de inflación, acentuando la condición de dólar “barato” para exportar e importar.
Ninguna de estas cuestiones podría, en principio, ser modificadas por la situación política.
Y digo, en principio, porque dado lo verificado después del atentado en las declaraciones del oficialismo, imputándole cierta “autoría intelectual” a la oposición, con el argumento del “discurso del odio”, no parece haber margen para un acuerdo político sobre las reformas de fondo que deberán esperar el cambio de gobierno
Pero descartado un acuerdo político amplio, lo único que podría, eventualmente, influir en las proyecciones económicas, sería un giro en el kirchnerismo duro, que hasta ahora parecía aceptar, aunque bajo protesta, el ajuste fiscal, mientras dejaba trascender su oposición a modificaciones más profundas en el régimen cambiario.
En este contexto, la hipótesis que habría que explorar es la posibilidad de una radicalización de la política económica oficial, impulsada, por la idea de que la restringida popularidad de la vicepresidenta podría crecer como consecuencia de la conmoción creada en torno al riesgo que corrió su vida, vista en vivo, en directo y en primer plano, en la noche del pasado jueves.
¿Qué puede pasar con la economía si el Gobierno decide abandonar el ajuste fiscal iniciado y prefiere, asimismo, modificar el actual “modelo” cambiario, en el marco de una política destinada no ya a llegar a las elecciones del 2023, si no a intentar ganar las elecciones del 2023?
En el frente cambiario, lo que ha trascendido es que se intentará la instrumentación de devaluaciones sectoriales y transitorias, para incentivar el adelantamiento del ingreso de dólares provenientes de las exportaciones,
En síntesis, lo más probable es que se siga como hasta ahora, y se aproveche el ruido político para disimular las consecuencias no deseadas por el oficialismo de la política económica que hay que instrumentar.

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