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domingo, 15 de septiembre de 2013

ADOLESCENCIA DESATENDIDA, EL MEOLLO DEL PROBLEMA, por MARIANA DUFOUR

La falta de estudio y observación de los programas provinciales y nacionales que se implementan en el Municipio de Pinamar, y que tienen a la comunidad como destinataria, es el denominador común de todos los funcionarios gubernamentales de Pinamar. Es difícil lograr un debate fructífero o un control que lleve a buen puerto, sin este estudio previo que permita gobernar y legislar correctamente.
El viernes, el secretario de Acción Social y Producción, Juan Santoiani, y el responsable de la inexistente Dirección de la Juventud , Leandro Beltrán, fueron citados por los ediles para dar explicaciones a las graves denuncias por abuso de poder presentadas por los ex técnicos de la Casa del Adolescente, Matías Tucci y Sandra Pereyra.
A las explicaciones administrativas pertinentes de parte de los funcionarios, Santoiani, que continuamente invitaba a Beltrán a cerrar la boca, tomó la palabra para decir que lo denunciado por los técnicos y adolescentes era, tan sólo, “una invitación a un tutor a participar de una lista política y que eso no es sancionable. El secretario intentó justificar el hecho diciendo que esa convocatoria “va de la mano de la inclusión y la participación de los adolescentes”. Y agregó que, una vez pasadas las elecciones, su intención es llevar adelante un taller de formación política.

La excusa del funcionario para explicar lo inexplicable, puso al desnudo que, o nunca leyó los objetivos del Programa Envión o que, sencillamente, intentaba cubrir a su subalterno. ¿De qué lo cubría? De una de las tantas irregularidades que éste hombrecito viene cometiendo en su gestión: el abuso de poder hacia quienes, por edad y por dependencia económica, sostienen con él una relación tremendamente asimétrica. Una “invitación” a participar en una lista política de quien tiene el poder de otorgar y quitar becas a estos adolescentes en situación de vulnerabilidad social y económica es, lisa y llanamente, una coerción. Si encima el director es candidato de una lista, estamos hablando de un claro acto de corrupción que tiene a los jóvenes como victimas.
Querer disfrazarlo de integración, tal como lo pretendió Santoiani, es puro descaro que solo busca engañar a quienes no conocen los lineamientos de los Programas. En ninguno de sus párrafos, la instrucción de Envión refiere a la implementación de talleres de política porque su sentido es atender la salud, la inserción escolar y la capacitación e integración laboral de los adolescentes.
Si Santoniani quiere brindar un taller de política para los jóvenes pinamarenses, que presente en el HCD un proyecto y un presupuesto para la creación de la Dirección Municipal de la Juventud. Mientras Beltrán sea el responsable de implementar programas provinciales, que implican dineros afectados, debe abocarse al cumplimiento estricto de sus lineamientos.
Los jóvenes, el gran chivo expiatorio
En tiempos en que la inseguridad enerva los ánimos de todos, los jóvenes son el gran chivo expiatorio. Cuando una sociedad no quiere mirarse de frente y hacerse cargo de sus faltas y miserias, carga las tintas sobre los más vulnerables.
Ante una realidad que nos presenta funcionarios “incapaces” de cumplir con su rol (y cobardes a la hora de hacerse cargo), es viable hablar de conflictividad social, y no de delitos. ¿Por qué? Porque estos funcionarios, y este gobierno, han dado sobradas muestras de no tener interés ni capacidad de atender a uno de los sectores más abandonados.
El tema de la adolescencia vulnerada en sus derechos más elementales, solo se resolverá con inclusión social real, es decir, inserción en la escuela y en el trabajo. No con mentiras de un funcionario para esconder la prepotencia de su subordinado.
Una de las materias pendientes que tiene el Estado es pensar una relación de continuidad entre la escuela y el trabajo. Los programas que se implementan en la Casa del Adolescente apuntan, entre otras cosas, a brindar posibilidades de acceso a un trabajo digno en el mercado formal. No invita a los jóvenes jugar a la casita, sino a ser tratados en serio.
Como claramente explicitó Víctor Hugo Morales hace pocos días, los adolescentes que hoy tienen 17 años, “nacieron en la época de la salvajada neoliberal. Son los hijos de los padres que se quedaron sin trabajo. Los quieren, además, estudiosos y preparados... ¿Cómo podemos pensar que va a ser así una juventud que nació en ese caldo de cultivo?”.
Y yo agregaría: ¿Cómo pretende la comunidad de Pinamar que nuestros jóvenes sean amantes del estudio y del trabajo, si quienes deben protegerlos y enseñarles este amor son capaces de corromper todo cuanto tocan?
Es acá, señores, donde empieza el meollo del problema. No busquemos más lejos.

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